viernes, 10 de agosto de 2007

POEXPERIMENTAL // Hipertexto (1)

“Oh, inteligencia, soledad en llamas…”
Hipertexto, el prestidigitador electrónico

“Un buen lector es un relector”
Nabokov

Si estás leyendo este artículo entonces te interesa cierto tipo de literatura, y estás usando internet y más precisamente un mecanismo hipertextual. Así comienza, incisivo, el artículo “La web, hipertexto y literatura”, firmado por lord Shiva,1 y con el cual retomamos nuestro recuento en torno a la literatura generada con la computadora: literatura electrónica, digital o ciberliteratura, ahora en lo relativo a la narrativa hipertextual.

No obstante -oh paradoja- constreñida/
por el rigor del vaso que la aclara,/
el agua toma forma.

Así, desde los textos pluridireccionales que vienen de la antigüedad hasta llegar a los modernos ingenios electrónicos, quien utilice el hipertexto tiene en sus manos la capacidad de manejar y organizar todo tipo de información, creándola, agregándola, enlazándola y compartiéndola en la computadora mediante una tecnología de bases de datos organizada en bloques de contenido llamados lexias.

Éstos, a su vez, están interconectados por vía de enlaces o links, mismos que oportunamente activados recuperan texto, gráficos, imágenes, video, animaciones, audio o una combinación de todo esto: el hipermedio, en virtud de lo cual podrá personalizar tanto la presentación como la generación de las lexias.


Encontramos antecedentes de este juego ilusionista en referencias artísticas de muy larga data (directamente relacionadas con la pedagogía y la encriptación hermética), tales como el I-Ching, antiguo tratado oracular taoísta, la technopaegnia de la Grecia clásica, los caligramas, los textos mágicos y alquímicos, y las interpretaciones cabalísticas. Más recientemente, buenos ejemplos de contenidos multineales vienen a ser el Quijote de Cervantes, Así habló Zaratustra de Nietzsche, Rayuela de Cortázar, el film Ocho y Medio de Fellini o la miniserie Picos Gemelos de Lynch.1

En efecto, desde diferente sentido y dimensión han existido intentos de elaborar hipertextos. Un ejemplo pionero lo constituye la obra Tristram Shandy de Laurence Stern. En tiempos más cercanos está El Castillo de los Destinos Cruzados, donde Italo Calvino utiliza las cartas del Tarot para contar 12 historias que se entrecruzan y estructuran el argumento de la novela. De esa forma, cada carta del Tarot es utilizada en más de una historia y transmite diferentes significados de acuerdo a la historia a la cual pertenece.

Igualmente cabe mencionar a Rayuela, donde Julio Cortázar experimenta una versión del hipertexto al estructurar diferentes ordenamientos de los capítulos, que proporcionan diferentes lecturas de su obra. Si la leemos en forma lineal la novela aparece constituida por 155 capítulos, pero si seguimos la carta de navegación que se encuentra al comienzo del libro como Tablero de Dirección, el escritor nos propone una rica variedad de lecturas.
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De hecho, la hipertextualidad no añade nada nuevo a las teorías discursivas en sí mismas, pero proporciona un medio y un soporte ideal para materializarlas. Con el hipertexto se multiplica la autonomía productiva, desde las herramientas de edición digital, el incremento de la producción de textos (aunque no necesariamente de la calidad de los mismos) y la sustitución de la condición de escritor rechazado por las editoriales, a escritor "poco leído", prosigue, ácido, lord Shiva.

Lo que hace que el hipertexto lo sea no es la no-linealidad, estrictamente, sino la elección que hay que hacer frente a esos senderos que se bifurcan en el universo cibernético. De acuerdo a esto, el hipertexto es un tipo especial de texto en que el lector elige activamente la secuencia del material: es el resultado de ese espacio posmoderno que convierte la marginalización y los bordes en el centro de su preocupación, anota José O. Alvarez.2

En ese sentido, una de los aspectos más importantes del hipertexto es que enlaza materiales que han sido colocados en la red. Constituye una especie de diagrama virtual que vincula páginas y páginas hasta nunca acabar. Por ello, en tanto que el procesamiento del texto electrónico lo hace a partir de códigos electrónicos, todos los textos que el lector-escritor se encuentra en la pantalla son clasificados como "textos virtuales".


En la red de cristal que la estrangula,/ allí,
como en el agua de un espejo,/ se reconoce;/
atada allí, gota a gota,/ marchito
el tropo de espuma en la garganta

En el año 1965, Theodor Holmes Nelson inventaba la palabra "hipertexto". Entonces definió teóricamente a su proyecto Xanadú como un sistema hipertextual en el que implantaría su visión de este concepto. En su libro pionero Dream Machines, Nelson propone un sistema de escritura no secuencial donde el lector tiene la libertad de moverse a su antojo, como cuando consulta una enciclopedia, con la ventaja de que no sigue una estructura predeterminada por ésta sino su propia elección. Se refería a un tipo de texto electrónico, una tecnología informática radicalmente nueva y, al mismo tiempo, un modo de edición. Como él mismo lo explica:

"Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario".

Según tales ideas, como lector de hipertextos uno tiene que escoger entre volver a la exposición del autor o seguir alguna de las conexiones sugeridas por los nexos o enlaces, utilizar otras funciones del sistema o buscar conexiones nuevas. La versatilidad del hipertexto, que se manifiesta en múltiples conexiones entre bloques individuales de texto, requiere de un lector activo.

El hipertexto es un sistema fundamentalmente intertextual, que potencia en una escala superlativa la capacidad de enfatizar esa intertextualidad que con dificultad alcanza el texto encuadernado en un libro. Así, por ejemplo, aunque tal vez un poco redundante, una presentación en hipertexto de Ulises de Joyce conectaría este pasaje no sólo con la clase de material mencionado sino también con otras obras de Joyce, con comentarios, críticas y variantes textuales.

Según lo visto hasta aquí, el hipertexto nos permite aclarar y hacer más explícitos, si bien no intrusos por cierto, todos aquellos materiales afines que el lector culto pueda percibir alrededor de la obra. El efecto más destacado de esta mutación estratégica es que libera al texto literario de las imposiciones psicológicas, sociológicas e históricas que pesan sobre él, abriéndolo a una gama de relaciones aparentemente infinita.

¡Oh inteligencia, soledad en llamas,/
que todo lo concibe sin crearlo!

Por otra parte, los especialistas en hipertexto hacen remontar el concepto a un artículo pionero de Vannevar Bush, en un número de la revista Atlantic Monthly de 1945, sobre la necesidad de máquinas de procesamiento de información mecánicamente conectadas para ayudar a los estudiosos y ejecutivos frente a lo que se estaba convirtiendo en una explosión de la información.
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En su artículo famoso titulado "As we may think", Bush argumenta: Consideremos un futuro artefacto de uso individual, una especie de archivo privado mecanizado y biblioteca. Necesita un nombre, y para escoger uno al azar lo llamaremos "memex". Un "memex" es así un artefacto donde un individuo almacena todos sus libros, archivos y comunicaciones, y que al estar mecanizado permite ser consultado con gran velocidad y flexibilidad.

En sus características esenciales, el Memex incorpora un "índice por asociación" que los actuales sistemas de hipertexto denominan nexo, "cuya idea básica es la capacidad de cualquier artículo para, a su vez, seleccionar, inmediata y automáticamente, otro artículo". El Memex, entonces, era capaz de llevar a cabo, de una manera eficiente y parecida a la mente humana, la manipulación de hechos reales y de ficción.

Bush, consejero científico de Roosevelt, aseveraba que la mente humana funciona por asociación: "sujetando" un hecho o una idea, decía, "la mente salta instantáneamente al dato siguiente, que le es sugerido por asociación de ideas, siguiendo alguna intrincada trama de caminos conformada por las células del cerebro”. Visto así, el hipertexto posibilita seguir nuestra tendencia natural a la "selección por asociación, y no mediante los índices".

Desde esa época, Bush planteaba la necesidad de anotar durante la lectura los pensamientos transitorios y las reacciones del lector frente al texto. Bush utilizó las limitaciones de la forma textual para idear una tecnología nueva que lo redimensiona totalmente. Lo que hace esto es redefinir el concepto de lectura como un proceso activo que implica la escritura; un proceso de interlocución constante donde el lector reescribe nuevos contextos significativos. Este sistema de nexos permite a los lectores crear trayectos infinitos.3
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Por tanto, es la facultad o posibilidad de la conexión electrónica lo que crea el hipertexto: una textualidad compuesta de bloques y nexos que permiten multiplicar los trayectos de lectura. Esa particular forma de construir el texto a partir de la no secuencialidad deja abiertas las posibilidades para ejercer una lectura no lineal, al margen de las limitaciones impuestas por los sistemas tradicionales de lectura y escritura, basados en nociones como centro, margen, jerarquía y linealidad.
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Es esencialmente su condición de "movilidad" la que permite al hipertexto crear continuamente cadenas o recorridos en una textualidad abierta, eternamente inacabada.4

-¡oh inteligencia, páramo de espejos!/…/
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos/
retumbar el gemido del lenguaje/
y no lo emite

En suma, el hipertexto constituye una red contextual sin principio ni fin. Podemos así saltar constantemente de unos textos a otros en función de que vayamos escogiendo nuevas opciones de búsqueda.

Así, el hipertexto nos obliga a elegir trayectos de lectura y establecer relaciones de manera constante. Aunque las secuencias aisladas sean lineales, la lectura en sí no lo es, porque los caminos seguidos no están determinados de antemano. Puede decirse entonces que la disposición espacial del hipertexto entreteje un conjunto de metáforas que orillan a la lectura hacia un nuevo prisma: el de la navegación, asume Laura Borràs Castanyer.5
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Esa idea nos lleva al concepto del viaje, de la conquista, como resulta obvio, pero también puede evocar la del naufragio, del fracaso, afirma dicha autora. Es decir, el lenguaje de la navegación comporta la posibilidad de desplazamiento, ciertamente, pero también la de pérdida. En este sentido, los “accidentes” que ocurren leyendo hipertextos forman parte de la condición de éste como texto y hay que aceptarlos como parte esencialmente constitutiva del mismo.

Puede decirse, según lo anterior, que el hipertexto encarna una nueva forma de “textualidad transitable”, basada en la capacidad de “penetración” de un texto marcado por enlaces que abren puertas hacia nuevos horizontes de significado.5

Otro pionero cuyo trabajo contribuyó significativamente a la configuración de hipermedia es Douglas Englebart, quien desarrolló dispositivos que, en sus propias palabras, "aumentan el talento humano", como el “ratón” (mouse), las ventanas múltiples y el correo electrónico. El impacto de las ideas de Englebart se corrobora en interfases de manipulación directa, provistos de mouse y ventanas.

Además, dos sistemas desarrollados por éste en el Instituto de Investigaciones de Stanford se incorporan entre los primeros sistemas ON LINE, que incluían correo electrónico, teleconferencia por computador, las ventanas múltiples y el ratón, así como vínculos intercomunicadores "dentro y entre" documentos.6

Asevera, en torno a la potenciación de las estructuras de trabajo, que una adición en el sistema hipermedial debe poseer dos componentes esenciales: el primero es el sistema humano, con contribuciones de la cultura tales como el lenguaje y las costumbres; y el segundo es un sistema de herramientas que nos permite realizar tareas comunicativas, de recuperación y manipulación de información.

Tal vez esta oquedad que nos estrecha/
en islas de monólogos sin eco,/ aunque
se llama Dios,/ no sea sino un vaso/ que
nos amolda el alma perdediza

Michael Hart ideó en 1971 un proyecto que poco a poco se ha ido consolidando. Esto es, con el Proyecto Gutenberg, la Biblioteca Virtual Cervantes y otros tantos similares en los que podremos acceder a todas las obras de la humanidad y vivir el sueño de Borges de La Biblioteca Total.2

A su vez, Ted Nelson, en una obra relativa a su proyecto Xanadú y publicada en 1980, Literary Machines, inscribe el adjetivo literary que describe en inglés todo lo relacionado con la cultura impresa en un sentido amplio. Observa Nelson que esta cultura escrita es un conjunto complejo en el que cada elemento, cada "texto", está conectado a los demás de forma explícita o implícita.5

En torno a esto, Jean Clément comenta que la palabra "máquinas" empleada por Nelson ha de interpretarse dentro de aquel contexto intelectual. Al asociarla con el adjetivo literary evoca una intención ciertamente provocadora o futurista, que nos remite a las virtudes y exigencias del tema que estamos tratando: el hipertexto y la hipermedia. Incluso considera equivocado suponer que aquella expresión se refiere a una máquina inteligente capaz de escribir y leer, una especie de robot humanoide.

Por otra parte, el sistema Xanadu de Ted Nelson, en el que todo discurso registrado sería incorporado a una matriz enorme, tiende a hacer literal en muchos aspectos la visión sobre el "Texto" de Roland Barthes, que comenzaba a circular a finales de los años 60.

Vale aquí recordar que la interconexión de los textos ha sido ampliamente tratada por los teóricos de la literatura bajo el concepto genérico de inter o trans-textualidad. Dentro del campo científico, equivale al fenómeno que Vannevar Bush tenía en mente cuando evocaba el trabajo del investigador dentro de su artículo"As we may think".5

En ese sentido, al menos en un nivel básico, se apunta que todo hipertexto es un ejemplo del texto-red de Roland Barthes. Esa convergencia de la teoría francesa con la tecnología estadunidense vendrá a sugerir una realización del hipertexto sin jerarquías absolutistas, donde las anteriores funciones "patriarcales" de autor, editor y crítico son abolidas, según plantean diversos autores como Landow, Climent, Moulthrop, José Ramón Ortiz y José O. Álvarez, a quienes citaremos ampliamente a continuación.

Conviene reiterar que el hipertexto no es un objeto, sino un sistema. Así podemos retomar la distinción de Barthes entre "obra" y "texto". Desde esta perspectiva, el hipertexto no es un artefacto limitado como un volumen encuadernado sino una colección dinámica y expansiva de textos, cuyos contenidos cambian a cada momento.6

En su obra Hipértexto: La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, George P. Landow nos presenta un trabajo excelente sobre la convergencia entre el hipertexto y la noción de textualidad de la teoría crítica, sustentada por Barthes, Foucault y Derrida.

Por ejemplo, en S/Z, Barthes describía el ideal de textualidad que coincide exactamente con lo que se conoce como hipertexto electrónico: un texto compuesto de bloques de palabras (o de imágenes) electrónicamente unidos en múltiples trayectos, cadenas o recorridos en una textualidad abierta, eternamente inacabada y descrita con términos como nexo, nodo, red trama y trayecto...(7)

Abstinencia angustiosa/ que presume el
dolor y no lo crea,/ que escucha ya en la
estepa de sus tímpanos/ retumbar
el gemido del lenguaje/
y no lo emite

A la par de Barthes, Michel Foucault desarrolló el texto en forma de redes y nexos. En Las palabras y las cosas afirmaba que las fronteras de un libro nunca están claramente definidas, ya que se encuentra atrapado en un sistema de referencias a otros libros, otros textos, otras frases: “es un nodo dentro de una red… una red de referencias". Por su parte, Derrida irá más allá y enfatizaría "la apertura textual, la intertextualidad y la improcedencia de la distinción entre lo interno y lo externo a un texto dado”.

La tesis recogida en el argumento de Landow, que ilustra los puntos vistos arriba, es que el hipertexto puede ser utilizado para que el lector vislumbre el uso del texto con nuevas significaciones y perspectivas y particularmente como soporte para el pensamiento multimedial.7

La muerte del autor que propone Barthes pone el énfasis en aquello alejado de lo conocido, lo unificado, lo centralizado que cotidianamente encontramos en las diversas formas de expresión de nuestro tiempo, formas que liberan a la escritura del despotismo de eso que se llama El Libro. En éste, tradicionalmente, el límite impuesto por el autor da un significado irrevocable y cierra la escritura.

Cuando nos rehusamos a asignar un último significado al texto, éste se libera del teleologismo logocéntrico de significados fijos y, siguiendo a Nietzsche, rechaza a Dios (en su acepción omnímoda) con todos sus aditamentos de razón, ley y orden.8 Muchas de las cosas que nos asaltan ahora tienen que ver con la fragmentación pregonada por la postmodernidad. Los textos han perdido la totalitaria centralización que ejercían sobre el lector pasivo.

Por ende, en oposición a "la obra" como el objeto tradicional del estudio literario, Barthes sitúa al Texto" en calidad de una red de lenguaje que une "la obra" a otros discursos, incluyendo obras de otros escritores y críticos, respuestas del lector e incluso documentos no literarios. Así, el "texto", "se lee sin la firma de su padre. La metáfora que describe el texto es también distinta de la que describe la obra... La metáfora del texto es la de la red..."6

Y, en tal forma, "El objetivo de la obra literaria (de la literatura como obra)", escribía Roland Barthes a finales de los sesenta, "es hacer que el lector deje de ser un consumidor y se convierta en productor del texto".

Tales criterios inauguran, teóricamente, la posibilidad de que cada lector pueda agregar, alterar, editar el texto: abren la puerta a la creación colectiva. Este mismo texto, al ser leído por usted, puede enriquecerse al recibir en forma expedita sus comentarios cuando trabajamos en él como hipertexto. A medida que otros lectores accedan a él, el texto queda abierto como tierra fértil para que el rizoma se expanda.2

Landow retoma a Barthes para consolidar su teoría. Según este nuevo gurú de la hipertextualidad, el hipertexto enmascara los límites entre el escritor y el lector obteniendo algo cercano al texto ideal, que sitúa al lector como consumidor-productor. Los cambios violentos en la autopista de la información vendrían a prolongar el abismo creado entre el texto escrito tradicional y el hipertexto.

Aquí se da el cambio cualitativo: el lector se convierte en productor de texto. Culmina aquella crítica hecha a esa literatura caracterizada por el divorcio inmisericorde entre el productor del texto y el consumidor, entre amo y esclavo, entre autor y lector. La poca libertad que tiene este último es la de aceptar o rechazar el texto.

Opuesto al writely text está el readerly text, que no sólo puede ser leído sino construído, deconstruído y aumentado al infinito. Con ello llegamos a uno de las grandes ventajas del hipertexto, pues convierte al lector en el creador del propio texto que va a leer.

Tartling, basándose en el libro S/Z de Barthes, plantea la lectura multisecuencial que es una operación implícita en muchos libros en los que la indización coordinada compleja se puede comparar a la disección crítica que hace Barthes de la pequeña historia Sarrasine de Honorato Balzac. A través de 561 bloques de significación o lexias, Barthes descompone el escrito.

De haber utilizado la forma intertextual habría desarrollado una ramificación inacabable. Tales lexias pueden incluir pocas palabras, largas frases o fragmentos que de modo imperceptible están ligadas al discurso de la narración. En la introducción al libro defiende el porqué de cortar en pedazos el relato, renunciando a la construcción de enormes masas de texto y, en últimas, renunciando también a la imposición de ese ensamblaje totalizador del texto.2

Ya metidos en la computadora, como advierte Landow, es paradójico quejarse de que las opciones de exploración de contextos están muy limitadas por los "links" que destaca el autor de un texto, cuando esto representa una notable mejoría con respecto a los textos lineales, totalmente aislados de su contexto, advierte Susana Pajares Toska.8 Una consecuencia de reducir el texto digital al estatus de impulsos eléctricos es que las distinciones claras entre elementos verbales y no-verbales dejan de existir.

Espen J. Aarseth propuso el término texton para la unidad textual de base definida dentro de una perspectiva topológica, y scripton a la secuencia no interrumpida de uno o varios textones tal y como son proyectados por el texto o reunidos por el lector.

En el nítido rostro sin facciones/ el
agua, poseída,/ siente cuajar la
mascara de espejos/ que
el dibujo del vaso le procura.

Sólo con el hipertexto puede lograrse lo que atisba Barthes: alcanzar una pluralidad de entradas, apertura a los 'networks' y a los lenguajes múltiples e infinitos, concretando la meta del trabajo literario de convertir al lector en productor del texto.2

Similar a esto, Derrida plantea la differance lo mismo que Lyotard y otros. Ya no hay un punto fijo, un centro. Es el reino de la marginalización. El análisis basado en la razón pierde su razón de ser, se vuelve irrelevante, anacrónico porque las verdades absolutas dejan de existir o dejan paso a múltiples verdades o a lo que antes se consideraba una mentira, asevera José O. Álvarez.

Tanto Levi-Strauss como Barthes abandonan todas sus referencias a un centro, a un sujeto rígido o a referencias inamovibles en un intento de descentrar el mito para presionar hacia un movimiento espontáneo de pensamiento mítico polidireccional. Según Derrida, el lenguaje con su incapacidad de totalización permite un juego libre, un campo infinito de sustituciones opuesto a un ensamblaje demarcado.2

Por su parte, Aarseth inventó el término ergodic literature (a partir de los vocablos griegos ergon y hodos que significan “obra” y “camino”) con objeto de aludir a las creaciones literarias que exigen un esfuerzo nada trivial para que el lector atraviese el texto, penetre en su sentido.4

Análogamente, el hipertexto lleva al extremo también los postulados de Umberto Eco o la Teoría de la recepción de Iser, que propugnan un lector activo. Esto es, la idea de dar a luz un producto hipertextual ergódico para el estudio de las redes que enlazan a la gran diversidad de textos en la red.

En el caso del lector, el hipertexto culmina el reconocimiento de su actividad que comienza con la Teoría de la Recepción. Su actividad no sólo va a ser llenar los "espacios vacíos" que Ingarden descubría en los textos lineales y convertirse en el "lector ideal" que construyen los textos. Ahora puede elegir sus propios trayectos y establecer relaciones y nexos entre textos o partes de textos, de modo que cada lectura es única de un modo literal.

Lo anterior nos conduce a lo que se conoce como narrativa hipertextual, aquella escrita específicamente para este medio y no las ediciones hipertextuales de obras escritas para ser publicadas en forma de libro. Veíamos antes que en literatura existen intentos de romper la linealidad tradicional y aumentar el grado de actividad de los lectores, quizá desde Sterne y su Tristram Shandy.8


Ya puede estar de pie frente a las
cosas. Ya es ella también, aunque por
arte/de estas limpias metáforas cruzadas,/
un encendido vaso de figuras.

La hiperficción constructiva viene a ser un ejemplo de autoría compartida cuya intención es más lúdica que estética, que al realizarse por escrito permite superar la improvisación y poca elaboración de las intervenciones personales en un juego de rol. Aunque se pierde la interacción inmediata y visual de los juegos de rol, que dan mucha importancia a la recuperación de la narrativa oral, pero es posible que con el tiempo se llegue a experimentar con sistemas de video, observa Susana Pajares Toska.

La narrativa hipertextual es una posibilidad grandiosa, según nos lo plantea Tolva
en su herejía del hipertexto. Los últimos años del siglo XX fueron los de los incunables digitales.9 El inicio del nuevo milenio habrá de tener la misma trascendencia de los años 1500 cuando se inició la era Gutenbergiana.

Hay algo que el hipertexto parece poder ofrecer al lector y las historias lineales no (aunque se podría argumentar que la ficción lineal hace lo mismo de otra manera): la oportunidad de influir en el desarrollo de los hechos, o al menos de influir en el orden en que aparece la "información" que la historia contiene.10

Para eso, la clave está en estimular suficientemente el interés del lector para, con ello, compensar la naturaleza enmarañada y no-argumental del hipertexto. No es suficiente ofrecer elecciones por el mero placer de elegir. La novedad de "hacer click" no ejerce su atractivo por mucho tiempo.
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Al final, el lector entendido (los autores de hiperficción en general están seguramente interesados en atraer lectores de narrativa –o de otros géneros– a sus páginas), sentirá la necesidad de encontrar opciones REALES, aquellas que reflejen con exactitud las acciones auténticas que es capaz de realizar en cada momento un personaje bien construido, nos dice Sarah Auerbach.

Aclara que ese es el eterno dilema de las historias de aventuras. De hecho, es posible que el lector de narrativa no esté en absoluto interesado en la elección simple. Puede estar dispuesto a aceptar que un personaje debe ir del punto A al punto B, pero lo que le interesa es la naturaleza del hecho y cómo está narrado; puede que el hipertexto no tenga tanto que ver con hacer elecciones acerca de "lo que pasa" en una historia, como con hacer elecciones acerca del modo en que está narrado.

Eso no quiere decir que el hipertexto sea sólo un texto lineal con notas a pie de página. Ha de encontrar un modo de ser algo más que eso. Las recomendaciones para su éxito son: que sea breve; ya que las ramas en expansión son un gran problema para autores hipertextuales, es importante centrarse en un asunto pequeño y expandirlo hacia la complejidad infinita, y no empezar con el mundo y luchar luego por expresarlo en nexos cada vez más raquíticos. Y que los personajes sean lo más importante.

Cuando el hombre descubre en sus
silencios/ que su hermoso lenguaje se
le agosta,/ se le quema —confuso—
en la garganta,/ exhausto de sentido

Clément insiste: el hipertexto es una de las figuras de esa nueva textualidad.5 Se caracteriza por su no-linearidad y por su potencial discontinuidad. Estas dos nociones no han de confundirse. La no linearidad ha de definirse desde el punto de vista del dispositivo y no del discurso, porque la no-linearidad no significa obligatoriamente la discontinuidad textual.

En ciertas ficciones arborescentes, por ejemplo, la continuidad de la historia está asegurada a pesar de su linearidad material. Esto supone que las ramificaciones candidatas a la sucesión narrativa sigan caminos diferentes y que para recorrer el árbol haya un principio común y uno o varios finales situados en las terminaciones del árbol, en las hojas. Quizá sería mejor, desde este punto de vista, hablar de textos multilineares.5

La lectura no descubre más que una de las múltiples posibilidades del recorrido. Es decir, "la ausencia de linealidad no destruye la narrativa", según Landow, y el texto resultante de la actividad del lector creativo tiene los mismos efectos estéticos y puede ser analizado del mismo modo que cualquier obra literaria lineal.

De acuerdo a Derrida, si el significado se obtiene a través de palabras que refieren a otras palabras en un sistema de dependencia recíproca, quiere decir que no hay una estructura central. El significado se vuelve un juego siempre en movimiento resistiéndose al cierre, similar a los juegos del lenguaje que se superponen sin una regla universal rígida como lo propone
Wittgenstein.2 Como Barthes, Foucault y Mijail Bajtin, Jacques Derrida utiliza constantemente términos como nexo (liason), trama (toile), red (réseau) y entretejer (s’y tissent).

Derrida coincide con los actuales sistemas de hipertexto en los que el lector, activamente ocupado en el descubrimiento y exploración del texto, pueden hacer intervenir diccionarios con análisis morfológicos que conectan las palabras aisladas con símiles, derivados y contrarios. Derrida reconoce que una nueva forma de texto más rica, más libre, más fiel a nuestra experiencia potencial, y tal vez a una experiencia real aún desconocida, depende de unidades discretas de lectura.

La concepción de texto de Derrida se relaciona con su "metodología de la descomposición"; el primer paso de la descomposición es el mordisco (morceau), que Ulmer traduce como "trozo, pedazo, fragmento; pieza de música; tentempié, bocado"... del que en cierto modo proviene el concepto de hipertexto como un extenso montaje o metatexto y lo que Nelson llama "docuverso".

La
narrativa en hipertexto hace posible el sueño anhelado de los deconstrucionistas. Ya no hay un documento cerrado sino abierto a todas las posibilidades que cuestiona la linealidad prefijada, tanto como el principio y el fin.

Hay autores como Umberto Eco
que se oponen a este enfoque y siguen creyendo en el poder del texto sobre el hipertexto. Tal vez, como muchos académicos, no reconocen que la era de la informática ha trastocado todo. No quieren aceptar que lo impreso tiende a replegarse, congelándose.

Se les escapa que entre las palabras en un texto y las palabras en una pantalla hay una diferencia como la que existe entre el producto y el proceso, entre el nombre y el verbo, porque lo que se escribe para el/la web enfatiza el proceso sobre el producto. No es la escritura vertical, indicativa y objetiva, sino la no secuencial posibilitada por la aparición de la computadora.

Con el hipertexto pasamos de promover el punto de vista jerárquico y totalitario de la “autoridad” al texto autocontenido, que individualiza en un discurso interactivo parecido al que ejercemos cuando conversamos. Con esta cooperativización todos los puntos de vista se multiplican. El hipertexto favorece la pluralidad de discursos y libera al lector de la férula del autor.2

Porque el hombre descubre en sus
silencios/ que su hermoso lenguaje se le
agosta/ en el minuto mismo del
quebranto

Cuando los elementos visuales (incluso video) forman parte del tejido del texto, en el hipertexto y especialmente la hipermedia, como si fuera un moderno manuscrito iluminado, esto permite la manipulación visual de bloques de texto y la descripción gráfica de características estructurales. El hipermedio permite explotar ciertas posibilidades textuales que los escritos tradicionales dejan de lado, como la rítmica de la escritura, la expresividad acústica de una voz recitando y la interconexión multihilos dinámica.1

A su vez, plantea Laura Borràs Castanyer, cualquier actuación en el ámbito digital es vehiculizada por la mirada. La construcción de la mirada en el entorno digital es un proceso en marcha. Aquí –añade Borràs–, la nuestra es una mirada esclavizada por una línea secuencial –la del orden que impone la lectura–; con la traslación del texto a la pantalla la mirada recupera la libertad de vagabundeo, se desprende de la esclavitud del orden del tiempo y de la temporalidad como secuencia objetivada en un soporte.

El hipertexto es la herramienta que permite la emancipación de la mirada para construir el espacio. La mirada, en el marco de la pantalla, actúa de manera similar a un pincel y dibuja los contornos del territorio que descubriremos con la codicia de hacernos con “todo” el saber que se esconda bajo los pliegues del ejercicio de papiroflexia que representa la creación de todo hipertexto.

La mirada se proyecta sobre la pantalla, sobre la superficie de contacto que denominamos interfaz (del inglés interface) y que, no podía ser de otro modo, se construye a partir de metáforas visuales. La interfaz es el espacio virtual de la aventura en el que tienen lugar las operaciones del ordenador y el usuario y, de algún modo, se trata de un elemento que debe invitar a la actuación, a la respuesta, a la interactividad.4

Según W.J.T. Mitchell, ekphrasis se usa “como un modelo con el que el arte literario puede conseguir motivos formales, estructurales, y representar vívidamente una amplia gama de experiencias perceptivas, sobre todo la experiencia de la visión”.9

La textualidad digital posibilita esta experiencia formal, estructural y perceptiva de la ekphrasis a un nivel puramente técnico. Es un medio "ekphrástico" el que da forma al mensaje. La ekphrasis deja de ser un tropo literario al aplicarse a la informática, es una descripción práctica de los modos visuales en que un lector se aproxima al texto verbal.

No es sorprendente que esta ekphrasis actualizada haya provocado lo que Mitchells llama “miedo ekphrástico”: “el momento de resistencia o de deseos encontrados que sobreviene cuando sentimos que la diferencia entre la representación verbal y visual puede derrumbarse, cuando la diferencia (...) se convierte en un imperativo moral, estético más que (...) un hecho natural en el que se puede confiar”.9

Cuando la forma en sí, la forma pura,/
se entrega a la delicia de su muerte y
en su sed de agotarla a grandes luces/
apura en una llama/ el aceite ritual
de los sentidos.


REFERENCIAS:
(1) La web, hipertexto y literatura, lord Shiva; tecnonexus@hotmail.com
(2) Del monolog(u)ismo del texto al polilog(u)ismo del hipertexto José O. Alvarez; http://come.to/alvarez Ponencia presentada en la Segunda Conferencia de Literatura IberoamericanaFlorida International UniversityOctubre 28-30, 1999
(3) El hipertexto : Reivindicación de la lectura y la escritura en el medio electrónico, a un nivel más virtual que físico Aura Margarita Calle Guerra Revista de Ciencias Humanas - UTPPereira -Colombia - 2000
(4) Notas para una hermenéutica de la lectura hipertextual; Dra. Laura Borràs Castanyer Universitat Oberta de Catalunya HERMENEIA /Internet Interdisciplinary Institute (IN3) http://www.uoc.ed/in3/hermeneia
(5) Del texto al hipertexto: hacia una epistemología del discurso hipertextual. Jean Climent, Universidad de París. Sep. 2000 http://www.ucm.es/info/especulo/hipertul/clement.htm
(6) En las zonas. El hipertexto y la política de la interpretación; Stuart Moulthrop http://www.ubalt.edu/www/ygcla/sam/essays/zones.html
(7) Introducción: El Contexto del Hipertexto; José Ramón Ortiz Telepolis, 1997http://members.tripod.com/~Joserra/guia.html
(8) Las posibilidades de la narrativa hipertextual; Susana Pajares Toskaspajares@eucmos.sim.ucm.esUniversidad Complutense de Madrid
9) La herejía del hipertexto: miedo y ansiedad en la Edad Tardía de la imprenta John Tolva http://www.ucm.es/info/especulo/hipertul/tolva.html
10) De la estética de la recepción a la estética de la interactividad. Notas para una hermenéutica de la lectura hipertextual; Sarah Auerbach Universitat Oberta de Catalunya http://www.ucm.es/info/especulo/hipertul/auerbach.html

Los versos intercalados pertenecen al poema Muerte sin fin, de José Gorostiza (1939), México.

Publicado en la revista virtual Escáner Cultural Nº 71, abril 2005